¿Para qué hablar de política?

Nací en 1987, en los últimos años de dictadura en Chile y en mi casa siempre se habló de política.

Se nos enseñó (a mis hermanos y a mí) con insistencia que la TV miente, que es necesario cuestionar, que es vital debatir y que la historia jamás se debe olvidar, que de ahí podemos aprender para avanzar sin cometer los errores del pasado.

Crecer con esas conversaciones largas después de comer, sobre lo que vivieron mi mamá y papá en la dictadura, en el plebiscito, en este retorno extraño a la democracia, es algo que impregna todo mi ser, no es algo aparte de mi, como algo que se pudiera apagar y encender.


Luego me convertí en una joven madre y entonces en ese momento, comprendí algo que no se me había enseñado en casa, y es que lo político que hasta ese entonces, lo veía reflejado sólo en "los partidos políticos", era algo personal, era parte de mí, en donde mi experiencia personal y la de tantas madres de este país, está conectada a un tejido mayor, que estructura nuestras experiencias de la maternidad.

Mi lugar como mujer joven y madre, me da una categoría en la sociedad y mis actos deberán entonces estar condicionados a límites que se nos imponen, como cárceles que nos asfixian, nos desajustan, nos separan, nos desintegran.

Entonces si mi existencia se debe guiar en base a estas estructuras limitantes, mi validación en este territorio, será el ir derribando y repensando nuevas formas de habitarlo, y esa es una forma de ejercer política. Cada ilustración y afirmación, la selección de una canción, sale de mis manos, de este cuerpo atravesado de gestaciones, del lugar que ocupo en esta sociedad, como resultado de todo lo que soy, de todo lo que aprendí y sigo aprendiendo y de sostener crianzas, por eso no puedo dejar de hablar de lo político, menos ahora que nos enfrentamos a un momento histórico en Chile, la elección presidencial, entre la esperanza y lo otro, el antónimo a todo lo bueno.




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